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PURIFICACIÓN FINAL O PURGATORIO:

Los que mueren en la
gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados,
aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de
su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria
para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama Purgatorio a
esta purificación final de los elegidos que es completamente
distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la
doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios
de Florencia y de Trento. La tradición de la Iglesia, haciendo
referencia a ciertos textos de la Escritura habla de un fuego
purificador, dice San Gregorio Magno: “Respecto a ciertas faltas
ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego
purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir
que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu
Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro.
En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser
perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro”. Esta
enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los
difuntos, de la que ya habla la Escritura: “Por eso mandó (Judas
Macabeo) hacer este sacrificio expiatorio a favor de los muertos,
para que quedaran liberados del pecado” (2 M 12,46). Desde los
primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los
difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el
sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan
llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda
las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia a favor
de los difuntos. Dice San Juan Crisóstomo: “Llevémosles
socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job
fueron purificados por el sacrificio de su padre, ¿por qué
habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos
les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a
los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos”.
(CIC: 1030-1032)

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Menores de 20 años que toman la píldora abortiva: un 130% más de posibilidades de sufrir depresión

El equipo de investigación, dirigido por expertos en salud de la Universidad de Uppsala (Suecia), argumenta que la relación podría deberse a los cambios hormonales que causan estragos en el bienestar emocional de las adolescentes.

Uno de los estudios más extensos hasta la fecha ha revelado que las mujeres que empiezan a tomar píldoras anticonceptivas en la adolescencia tienen un riesgo drásticamente mayor de desarrollar depresión que las que nunca han tomado anticonceptivos.

El estudio, de cuatro años de duración y publicado en Cambridge University Press, descubrió que las mujeres que empezaron a tomar anticonceptivos orales antes de cumplir los 20 años tenían una tasa de depresión un 130% mayor que las que nunca lo habían tomado.

Causando estragos

Por su parte, las que comenzaron a utilizarlas siendo adultas tenían un riesgo de depresión menor, del 92%. El equipo de investigación, dirigido por expertos en salud de la Universidad de Uppsala (Suecia), argumenta que la relación podría deberse a los cambios hormonales que causan estragos en el bienestar emocional de las adolescentes, magnificados por la adición de anticonceptivos hormonales.

El método anticonceptivo estudiado fueron las píldoras anticonceptivas combinadas, que contienen progestágeno, un compuesto parecido a la hormona progesterona, y estrógeno. El progestágeno previene la ovulación y espesa el moco cervical para evitar que los espermatozoides ingresen al útero, mientras que el estrógeno adelgaza el revestimiento uterino para dificultar la implantación de un óvulo fertilizado.

El estudio abarcó una muestra de casi 265.000 mujeres, cuyos datos se extrajeron del Biobanco del Reino Unido. Tras analizar estos datos, se determinó que las píldoras anticonceptivas aumentan el riesgo de padecer depresión en un 73% durante los primeros dos años de uso. Una vez transcurrido ese tiempo de uso continuado, la tasa de mujeres diagnosticadas de depresión disminuye.

No obstante, haber tomado alguna vez en la vida un anticonceptivo oral se asoció con una tasa global más alta de depresión en comparación con las mujeres que nunca lo habían tomado. Además, las usuarias adolescentes tenían una incidencia de depresión aún mayor, incluso después de dejar de usar la píldora, lo que no se observó en el grupo adulto de píldoras anticonceptivas.

La relación podría deberse a los cambios hormonales que causan estragos.

El estudio apunta a la necesidad de que los profesionales de la salud sean más conscientes de los posibles vínculos entre la depresión y el uso de píldoras anticonceptivas. Los investigadores concluyen que es importante que los proveedores de atención informen a las mujeres que están considerando usar píldoras anticonceptivas sobre el riesgo potencial de depresión como efecto secundario del medicamento.

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