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  • “Cada primavera, la naturaleza nos enseña a renacer.”

​

«Realmente éste era Hijo de Dios.»

REFLEXIÓN: Dios no ha salvado milagrosamente a Cristo de una situación difícil, no ha impedido la injusticia y la muerte de su Hijo, pero ha trasformado su derrota en victoria, su muerte en nacimiento, para que surja una vida sin fin.

Mateo (5,13-16)

LA COLUMNA DE JESÚS

(Nuestro amigo Jesús no puede enviarnos sus trabajos, vamos a sustituir, temporalmente, esta columna por información Actividades de semana Santa)

 

El obispo, Don Sebastián, presidió la Santa Misa del Domingo y después bendijo el nuevo Centro Parroquial "San Roque"

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Introducción al proceso de Beatificación

La Iglesia de Jaén se alegra al anunciar la apertura del proceso de beatificación de 124 mártires de la persecución religiosa durante la Guerra Civil española. Hombres y mujeres que, en medio de la violencia y el odio, supieron permanecer fieles a Cristo y dar testimonio de su fe hasta derramar su sangre. Estos mártires —sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos— forman un mosaico de vida entregada al Evangelio en circunstancias muy
diversas. Su fortaleza nos recuerda las palabras de Jesús: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). El reconocimiento de su martirio no es solo un acto de memoria histórica, sino sobre todo un motivo de esperanza para la Iglesia de hoy. Ellos son semilla de fe, de reconciliación y de fidelidad al Evangelio, ejemplos luminosos que nos invitan a vivir con coherencia nuestra vocación cristiana en medio del mundo.
Con la apertura de este proceso, la diócesis de Jaén quiere custodiar su memoria y ofrecer a todos los fieles un camino de oración, estudio y testimonio. Nos unimos así a la Iglesia universal, que reconoce en los mártires a quienes siguen configurándose con Cristo en la cruz. Pedimos al Señor que, por intercesión de estos testigos de la fe, nuestra diócesis se renueve en la esperanza y la caridad, y que pronto podamos celebrar con gozo el día de su
beatificación. 

FRANCISCO MORALES VERA, PÁRROCO DE ARJONILLA
Francisco nació en Campillo de Arenas, el 20 de febrero de 1900.Su padre era labrador. Estudió en el Seminario de Jaén, donde ingresó en 1910. En el tiempo de las órdenes menores, estudiaba segundo de Teología, en el curso 1918-1919. En 1919 obtuvo el accésit al Premio extraordinario del grado de Bachiller en Teología. En los cursos 1920-1921 y 1921-1922 cursaba los estudios de cuarto y quinto de Teología. El 22 de septiembre, el Obispo de Jaén firmaba que el Siervo de Dios comparezca “en el día de mañana” para recibir el Presbiterado. Así, en las Témporas de San Mateo de 1922, en la capilla del Palacio Episcopal, el Obispo le confirió el Presbiterado, no habiendo más ordenados en dicha fecha. El primer cargo para el que fue destinado fue el de Ecónomo de Carchelejo.
Posteriormente, tomó parte en el concurso de curatos vacantes, obteniendo la parroquia de Arjonilla el 18 de agosto de 1925, donde permanecería hasta su fallecimiento. De lo que fue su vida en Arjonilla, es reseñable que la población, merced a su presencia, fue un continuo vivero de vocaciones, pues Francisco trajo de Roma, donde fue a estudiar, obteniendo diversos doctorados y el dominio de varias lenguas, aires frescos y vigorosos de formación y de ilusión por la vida religiosa, surgiendo en la localidad toda una línea de sacerdotes. Se distinguía por su caridad con los pobres: lo llamaban la estrella del rabo, porque siempre lo seguían personas necesitadas a las que socorría.

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    Conoce al nuevo Papa pulsando aquí:
https://cnnespanol.cnn.com/2025/05/09/mundo/fotos-vida-papa-leon-xiv-trax
EL SANTO DEL DÍA: https://www.vaticannews.va/es/santos.html

De nuevo con todos vosotros
ARJONILLA EN "ESPAÑA DIRECTO"
https://www.facebook.com/yustoalonso/videos/1534651249892555/

 

  DOMINGO DE RAMOS

​

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo (26,14–27,66):

C. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
S. «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
C. El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. -«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
C. Él contestó:
+ «Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: «El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.»»
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
+ «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
C. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
S. «¿Soy yo acaso, Señor?»
C. Él respondió:
+ «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.»
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. «¿Soy yo acaso, Maestro?»
C. Él respondió:
+ «Tú lo has dicho.»
C. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
+ «Tomad, comed: esto es mi cuerpo.»
C.. Y, cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias y se la dio diciendo:
+ «Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre.»
C. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos.
C. Entonces Jesús les dijo:
+ «Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: «Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño.» Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.»
C. Pedro replicó:
S. «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré.»
C. Jesús le dijo:
+ «Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.»
C . Pedro le replicó:
S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré. »
C. Y lo mismo decían los demás discípulos.
C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:
+ «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»
C. Y, llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dijo:
+ «Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo.»
C. Y, adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.»
C. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
+ «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil.»
C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.»
C. Y, viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba, repitiendo las mismas palabras. Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:
+ «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.»
C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:
S. «Al que yo bese, ése es; detenedlo.»
C. Después se acercó a Jesús y le dijo:
S. «¡Salve, Maestro!»
C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
+ «Amigo, ¿a qué vienes?»
C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo:
+ «Envaina la espada; quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura, que dice que esto tiene que pasar.»
C. Entonces dijo Jesús a la gente:
+ «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis.»
C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos, hasta el palacio del sumo sacerdote, y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos, que dijeron:
S. «Éste ha dicho: «Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días.»»
C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?»
C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. «Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.»
C. Jesús le respondió:
+ «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: Desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo.»
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:
S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?»
C. Y ellos contestaron:
S. «Es reo de muerte.»
C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon, diciendo:
S. «Haz de profeta, Mesías; ¿quién te ha pegado?»
C. Pedro estaba sentado fuera en el patio, y se le acercó una criada y le dijo:
S. «También tú andabas con Jesús el Galileo.»
C. Él lo negó delante de todos, diciendo:
S. «No sé qué quieres decir.»
C. Y, al salir al portal, lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. «Éste andaba con Jesús el Nazareno.»
C. Otra vez negó él con juramento:
S. «No conozco a ese hombre.»
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
S. «Seguro; tú también eres de ellos, te delata tu acento.»
C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar, diciendo:
S. «No conozco a ese hombre.»
C. Y en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y, saliendo afuera, lloró amargamente. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador. Entonces Judas, el traidor, al ver que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos, diciendo:
S. «He pecado, he entregado a la muerte a un inocente.»
C. Pero ellos dijeron:
S. «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!»
C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron:
S. «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre.»
C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo escrito por Jeremías, el profeta: «Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor.» Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús respondió:
+ «Tú lo dices.»
C. Y, mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos, no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
S. «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?»
C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Había entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, les dijo Pilato:
S. «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?»
C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:
S. «No te metas con ese justo, porque esta noche he sufrido mucho soñando con él.»
C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó:
S. «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?»
C. Ellos dijeron:
S. «A Barrabás.»
C. Pilato les preguntó:
S. «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?»
C. Contestaron todos:
S. «Que lo crucifiquen.»
C. Pilato insistió:
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?»
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
S. «¡Que lo crucifiquen!»
C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia de la multitud, diciendo:
S. «Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!»
C. Y el pueblo entero contestó:
S. «¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía; lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él, diciendo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir: «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa, echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos.» Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban lo injuriaban y decían, meneando la cabeza:
S. «Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz.»
C. Los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también, diciendo:
S. «A otros ha salvado, y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de la cruz, y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?»
C. Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban. Desde el mediodía hasta la media tarde, vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:
+ «Elí, Elí, lamá sabaktaní.»
C. (Es decir:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)
C. Al oírlo, algunos de los que estaban por allí dijeron:
S. «A Elías llama éste.»
C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio a beber. Los demás decían:
S. «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo.»
C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa
C. Entonces, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron. Las tumbas se abrieron, y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó, salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, el ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:
S. «Realmente éste era Hijo de Dios.»
C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderlo; entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos. Al anochecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí, sentadas enfrente del sepulcro. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:
S. «Señor, nos hemos acordado que aquel impostor, estando en vida, anunció: «A los tres días resucitaré.» Por eso, da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: «Ha resucitado de entre los muertos.» La última impostura sería peor que la primera.»
C. Pilato contestó:
S. «Ahí tenéis la guardia. Id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis.»
C. Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro.

PASTORAL SEMANAL​​

​​

COLECTA DÍA DEL SEMINARIO: Se ha recogido la cantidad de: 627,84€. Gracias.
 

COLECTA VIERNES SANTO: En la celebración de la Pasión, en la adoración de la cruz se pondrán las canastillas para recoger la colecta para Tierra Santa. Allí los franciscanos conservan los templos en los lugares donde Jesús pasó haciendo el bien.

 

HORARIO SEMANA SANTA
Lunes Santo 30 de Marzo

19:30h. Misa y Triduo al Cristo de la Misericordia y a la Imagen de San Juan Evangelista.
Martes Santo 31 de Marzo

19:30h. Misa y Triduo al Cristo de la Misericordia y a la Imagen de San Juan Evangelista.
Miércoles Santo 1 de Abril

19:30h. Misa y Triduo al Cristo de la Misericordia y a la Imagen de San Juan Evangelista.

21:30h. Vía Crucis del Cristo de la Misericordia y San Juan Evangelista.
 

Jueves Santo 2 de Abril
18:00h. Celebración de la Cena del Señor.

20:30h. Procesión de la Cofradía de la Santa Vera Cruz.

23:00h. Hora Santa ante el Santísimo Sacramento.

 

Viernes Santo 3 de Abril

00:00h. Procesión de la Cofradía de Jesús de la Humildad y María Santísima de los Dolores.
8:30h. Sermón de la “Madrugá”: Pregones y Bocina.
9:30h. Procesión de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús
Nazareno y Ntra. Sra. de la Amargura.
14:00h. Traslado del Santísimo Sacramento.
18:00h. Celebración de la Pasión de Nuestro Señor 
Jesucristo.

19:30h. Sermón de las Siete Palabras y Desenclavamiento.

20:00h. Procesión Magna del Santo Entierro.

 

Sábado Santo 4 de Abril

00:00h. Procesión de la Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad (Silencio).

 

21:30h. SOLEMNE VIGILIA PASCUAL.

(El acto más importante de la Semana Santa) Domingo de Resurrección 5 de Abril
10:30h. Procesión General de Ntro. Padre Jesús Resucitado y María Santísima de la Alegría.

12:00h. Santa Misa del día de Pascua.
 

PRESENTACIÓN DEL CARTEL DE LA ROMERÍA DE LA VIRGEN DE LA CABEZA: El Domingo 5 de Abril a las 8 de la tarde en el Palacio del Marqués de la Merced. La autora del
cartel es Lola González Hermosilla.

​​

INTENCIONES Y FUNERALES DE LA SEMANA​
 

MIÉRCOLES 1: 19:30h+Hermanos Difuntos de la Cofradía de San Juan
Evangelista.
DOMINGO 5: 12:00h+Ana Zafra. +Lucía García y Pedro Hernández.
+Remedios y Francisco. +Josefa Checa Castaño. +Teresa y Ana Navarro.

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Monseñor Chico Martínez saluda al Papa Francisco durante la peregrinación diocesana a Roma

Comunión con la Iglesia Universal. El Obispo de Jaén saludó al Santo Padre al concluir la audiencia general de este miércoles en la Plaza de San Pedro. Los peregrinos jiennenses estuvieron, también muy cerca del Papa Francisco.

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ACTIVIDAD PASTORAL

 

DOMINGO VI TIEMPO ORDINARIO

Carta pastoral en la Jornada Mundial del Enfermo: «La
compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro»


Queridos fieles diocesanos: La Jornada Mundial del Enfermo,
que se celebra el 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de
Lourdes, nos invita este año a volver la mirada a una de las
parábolas más conocidas y, al mismo tiempo, más exigentes del
Evangelio (cf. Lc 10,25-37). La parábola del buen samaritano nos
muestra, con claridad, el modo de amar de Jesucristo y nos
interpela a actuar como Él, acercándonos con compasión y amor
activo a cada prójimo que encontramos al borde del camino. En
su mensaje para esta Jornada, el Papa León XVI nos recuerda
que la compasión cristiana no se queda en el puro
sentimentalismo, sino que se traduce en cercanía concreta,
compromiso y acción: «Tener compasión implica una emoción
profunda, que mueve a la acción. Es un sentimiento que brota
del interior y lleva al compromiso con el sufrimiento ajeno. En
esta parábola, la compasión es el rasgo distintivo del amor
activo. No es teórica ni sentimental, se traduce en gestos
concretos; el samaritano se acerca, cura, se hace cargo y
cuida». Atender al que sufre es salir a su encuentro, ofrecer
nuestro tiempo, acoger su dolor y acompañarlo en su proceso de
sanación, hasta que pueda reestablecerse, como hizo el Buen
Samaritano. Por eso, en esta Carta Pastoral quiero dirigirme de
manera especial a quienes estáis sufriendo en primera persona
la enfermedad; a quienes ofrecéis cuidado; a aquellos que, a
través de vuestro ministerio, acompañáis el alma y lleváis el
“alimento eterno” a las casas; y a quienes desarrolláis vuestra

vocación para sanar a través de vuestra labor en el ámbito
sanitario. Los enfermos: el rostro herido que nos interpela.
Queridos enfermos: vosotros sois, como el hombre herido del
camino, el primer destinatario de esta palabra. En nuestros
hospitales, residencias de mayores y hogares de nuestras
ciudades y pueblos, hay rostros concretos marcados por el dolor,
la fragilidad y, en ocasiones, por la soledad. La Iglesia os
contempla no como un problema, sino como una presencia que
interpela y enriquece. Vuestra dignidad permanece intacta y
reclama respeto, cuidado y amor. Jesús mismo se identifica con
vosotros: «Estuve enfermo y me visitasteis» (Mt 25,36).
Sabemos que no siempre es fácil vivir la enfermedad con
serenidad. Hay momentos de cansancio, incertidumbre y
preguntas sin respuesta. Pero son precisamente esos momentos
los que nos permiten abrazar la cruz con la certeza de que el
Señor nunca pasa de largo. Como el samaritano, se acerca, se
inclina y permanece. Y creemos, con san Pablo, que incluso en
la debilidad puede manifestarse la fuerza de Dios: «Porque
cuando soy débil, entonces soy fuerte» (cf. 2 Cor 12,9). Las
familias y los cuidadores: compasión hecha entrega diaria.
Junto a los enfermos, la Iglesia reconoce y agradece la entrega
silenciosa de tantas familias y cuidadores. Como el buen
samaritano, os detenéis al borde del camino, cargando con el
peso del cuidado, del cansancio físico y emocional, y muchas
veces de la soledad. Vuestra dedicación tiene un valor inmenso.
Como recordaba san Juan Pablo II, el sufrimiento compartido y
ofrecido puede convertirse en un lugar privilegiado de amor y
comunión. Os animamos a no vivir esta misión solos. Dejaos
acompañar por la comunidad cristiana, por las parroquias y por la
Pastoral de la Salud. Cuidar al cuidador es también
responsabilidad de toda la sociedad y de la Iglesia. Los
ministros extraordinarios de la comunión: un puente
necesario. En medio de la enfermedad y del dolor, un verdadero
bálsamo para el alma es la labor silenciosa y constante que
lleváis a cabo los ministros extraordinarios de la comunión.
Vuestra presencia en hogares, residencias y hospitales se
convierte en un signo elocuente de una Iglesia cercana, madre

solícita y fiel compañera de camino para quienes, por diversas
circunstancias, no pueden acudir a su parroquia. Sois un puente
entre la comunidad y los hermanos enfermos. Cuando lleváis la
Eucaristía, lleváis a Cristo y la cercanía de una Iglesia que
acompaña en los procesos de enfermedad. Como señaló el Papa
Francisco, la Eucaristía es alimento para los frágiles y medicina
para los heridos, no un premio reservado a unos pocos. Os
animo a vivir este ministerio con hondura espiritual, sensibilidad
humana y plena comunión eclesial. Alimentad vuestra propia vida
interior para poder ofrecer a Cristo con manos limpias y corazón
disponible. Los visitadores de enfermos y los miembros de la
Pastoral de la Salud también realizáis un servicio precioso y
necesario. Con vuestra presencia consoladora, la escucha
paciente, una palabra del Evangelio y una oración sencilla,
ayudáis a que la persona enferma no se sienta sola, que los
cuidadores se sientan también acompañados,  y a que la
comunidad cristiana no “pase de largo”. Visitar a los enfermos es
una obra de misericordia que el Señor nos pide, y vuestra
disponibilidad encarna la compasión del buen samaritano en el
día a día; además, vuestro acompañamiento prepara y sostiene,
en coordinación con los pastores, el encuentro con los
sacramentos y con la comunión eclesial. Como en ocasiones os
he manifestado, me gustaría que en cada comunidad hubiera un
equipo de Pastoral de la Salud presente, organizado y
acompañado. Personal sanitario: la compasión en primera
línea. En esta Jornada del Enfermo, también hay una mirada
a los médicos, enfermeros y a todo el personal sanitario que
desarrolláis vuestra vocación en hospitales, centros de salud,
residencias y servicios de atención domiciliaria de nuestra
diócesis. Vuestra tarea diaria os sitúa muchas veces en primera
línea del dolor humano, no solo curando, sino acompañando,
escuchando y sosteniendo. Sabemos que no siempre es fácil
ejercer esta profesión en un contexto de presión, escasez de
tiempo y cansancio acumulado. La Iglesia os agradece
profundamente vuestra entrega y os anima a seguir siendo, cada
uno desde su responsabilidad, auténticos samaritanos que se
detienen ante quien sufre. Vuestra competencia profesional,

unida a la cercanía humana y al respeto a la dignidad de cada
paciente, es una forma concreta de vivir la compasión que brota
del Evangelio y de hacer presente la esperanza allí donde parece
debilitada. Una llamada a toda la comunidad cristiana. La
parábola del buen samaritano termina con una pregunta
decisiva: «¿Quién fue prójimo?» (Lc 10,36). Esta Jornada
Mundial del Enfermo nos invita a responder no con palabras, sino
con gestos concretos. Todas nuestras parroquias están llamadas
a ser lugares de acogida, visita y acompañamiento,
especialmente hacia quienes viven la enfermedad y la soledad.
Como recordó Benedicto XVI, la caridad cristiana no puede ser
delegada ni reducida a una estructura: es una responsabilidad
personal y comunitaria. Una Iglesia samaritana es una Iglesia
que se detiene, se acerca y permanece. Pidamos al Señor un
corazón compasivo, capaz de amar llevando el dolor del otro.
Que María, Salud de los Enfermos, acompañe a quienes sufren,
sostenga a quienes cuidan y fortalezca a quienes sirven.

​XSebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

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Edita: Parroquia de la Encarnación
Arjonilla
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